No se sabe, realmente, Cuándo surge la astrología como fuente de sabiduría de la humanidad. La historia fehaciente se remonta a los babilonios, cuyos presagios eran inspirados por una observación directa del cielo, donde sus colores, la fuerza de los vientos y la forma de las nubes arrojaban claves al astrólogo atento.
Pero con el correr de su propia historia, la astrología sufrió un proceso de transformación, cuando creó un instrumento gráfico que pasó a representar el cielo real. La vista del astrólogo pasó del cielo real hacia una configuración del cielo dibujada sobre la Carta Astral. A partir de ese momento, extraería de ella, y de los movimientos virtuales de los cuerpos celestes incorporados en ella, las claves de la conducta y del destino de los individuos.
Otro elemento de transformación que se fue dando con el correr de la historia, es la amplitud del cielo que la astrología ha abarcado. El cielo astrológico pasó desde una gran constelación que abarcaba innumerables estrellas, en la astrología de Manilius, astrólogo latino, hasta otra que se circunscribió exclusivamente a nuestro sistema Solar, en el enfoque de Tolomeo en el siglo ll de nuestra era, para retomar luego un mirada más amplia y universal.
Durante la Edad Media, antes de Tolomeo, se escribió una gran cantidad de tratados astrológicos que intentaron sintetizar las corrientes diversas que recorrieron durante siglos caminos independientes, provenientes de distintas civilizaciones antiguas.
El nacimiento de la astrología moderna ha sido establecido por los historiadores en el siglo XVII, y se le asigna este nacimiento al astrólogo francés Jean Baptiste Morin de Villefranche.
Sin embargo, apenas establecida como ciencia moderna, la astrología debió vivir una época negra, al ser declarada fuera de la ley por el rey Luis XIV de Francia. Debido a ello, la astrología fue alejada de la élite intelectual, pues ya no resultaba de buen tono y no sólo eso, sino bastante peligroso hablar de "influencias planetarias" en medio de un ambiente intelectual hostil. La ciencia oficial comenzó a adoptar un curso completamente distinto, y empezó a surgir una actitud burlona y despreciativa hacia esta "habladuría con aires de magia".
Dentro de este espíritu menoscabante, el famoso cientificista francés Bachelard llegó a plantear que el Zodíaco es el "test de Rorschach de la humanidad infantil". Su hipótesis era que la astrología se proponía aplacar el miedo que la bóveda mágica plagada de estrellas producía en el pensamiento primitivo.
¿Quién osaría, en ese contexto de rechazo y persecución, sostener que la astrología proviene de una tradición esotérica, O que es un don de los dioses?
Con el tiempo, y para recuperar en parte su derecho a existir, la astrología Comenzó a presentarse como proveniente de un laborioso empirismo, nacida de un registro meticuloso de las Características de millares de personas, quienes, en su vinculación con las posiciones de los astros, abonaban sus características a una poderosa base estadística que permitiría a los astrólogos realizar sus predicciones.
La astrología asumió así un complejo parecido al que después tuvieron las ciencias sociales respecto de las ciencias exactas.
Con todo, la astrología sobrevivió a esta mimetización con las ciencias contemporáneas, para renacer aún con más fuerza en este siglo XX marcado por las crisis de las utopías y por el nacimiento de la era de Acuario.
Como quiera que se la hubiera presentado a lo largo de su historia, un hecho quedaba incólume como valor incuestionable de esta milenaria ciencia: el ordenamiento del cielo, en el momento del nacimiento de un individuo, actúa como una verdadera radiografía del psiquismo y del destino de esa persona recién nacida.

Dos tradiciones han perdurado hasta nuestros tiempos a lo largo de esta compleja y difícil historia de la astrología.
Una más masiva y exterior, centrada en la adivinación o predicción de los acontecimientos externos que le ocurrirían a una persona, o las condiciones astrales que hacen favorable que emprenda o deje de emprender determinadas acciones; y otra astrología más profunda, que se centra en los procesos interiores de las personas, y que se postula como portadora de un vasto reino de sabiduría profunda sobre las leyes de la vida, y sobre las dimensiones espirituales de la existencia.
Dentro de esta última corriente, la astrología se ha vinculado a las teorías de la reencarnación y a la existencia del karma, lo que hace que la lectura de la carta astral se entronque en la sucesión de generaciones de la persona que consulta.
El karma se refiere a la ley universal de causa y efecto, que también es ejemplificado por el dicho bíblico "lo que siembras es lo que cosechas". Otra interpretación del karma lo vincula con las leyes de la mecánica desarrolladas por Newton, quien afirmaba que por cada acción se produce una reacción igual y contraria.
La ley del karma da por sentado que la vida es una experiencia continua, que no está limitada a una sola encarnación sobre este mundo. Ello sería lo que permite mantener la justicia y el equilibrio universales.
Ella se vincula, asimismo, con la ley de la oportunidad, que afirma que cada persona es expuesta a las condiciones que le dan la oportunidad de avanzar en su desarrollo.
La idea de reencarnación implica la manifestación periódica de almas o espíritus inmortales sobre este mundo físico, cuya finalidad sería la de aprender las lecciones que contribuyan a ir desarrollando una cualidad de ser superior.
La ley de karma plantea que cada vida es la suma total de todos los yoes anteriores encarnados, y que todo lo que anteriormente se construyó, bueno o malo, está presente en la última encarnación.
La astrología se conecta con el karma, pues representa el modelo primario de vida de un individuo: sus posibilidades, talento, aficiones, problemas y características mentales predominantes.
El mapa de nuestras pautas mentales, de nuestros condicionamientos pasados, nos hace ser lo que ahora somos, y eso queda retratado en la Carta Astral, el principal instrumento para la práctica de la astrología.
Si la teoría del karma es verdadera, ella contribuiría a explicar el porqué los hábitos que tiene cada persona en particular, cada encarnación, no pueden ser cambiados con facilidad. Ellos responderían a una larga cadena en que éstos se van transmitiendo y profundizando.
Las pautas kármicas se hacen así reales y potentes.
Ellas están allí para reconocerlas, para aceptar su arraigo, aunque no para someterse a ellas, porque la misma sabiduría de la reencarnación plantea que hay un camino de liberación, cual es el del desarrollo espiritual del individuo.
La Carta Astral, al proveemos un mapa de nuestros apegos, problemas y tendencias mentales, nos ofrece un acercamiento inicial a nuestro karma, y una fuente de ayuda para comprenderlo y trabajar en nuestro desarrollo a partir de él.